Hasta que leí ese cuento no lo había pensado: somos dos. Te levantas en mis pensamientos "ay ay ay" siembras tu patria. Discuto contigo lo que haremos. No me había dado cuenta que a veces me susurras cuentos oscuros, o desatas la insensatez dela carcajada. Al menos no hemos hablado de matar a nadie. No he encontrado un arma, creo que nos gusta más la posibilidad... por eso nos instalamos en la tristeza: es como una fogata en la que tú y yo nos calentamos. Desde lo profundo te veo hablar como el fuego. Eres el fuego. Me arrullo, me duermo y vienes en la mañana con reclamos, con tormentos. No te olvidas de mi. Eso me hace saber que sigo viva. Te propongo música, movemos los acordes. Siempre has estado aquí. Eres natural como los silencios cuando no estás.
Veo al cometa arder, abre señales, traza caminos etéreos para sostener la esencia, la levedad del alma. El humo intrigado lo persigue sin saber que es la huella, aquello que dejó de ser. Tan frágil... deja su impronta para que la llama arda en el infinito. Buscamos perpetuamente los abismos de la pregunta, y cada tarde alguien se da cuenta que dejó de ser llama y ha vuelto a ser evanecencia transparente en el aire.
Aquí estoy. Tan alta mi muralla. No te quiero conocer. ¿Para qué saltar el muro? Lo que me define está aquí adentro. ¿Tú lo ves? No. También tienes alta tu muralla. No hacen falta las rocas, lo que hay que mover es tan frágil, tan pesado como un pensamiento. Aquellos falsos muros invisibles de miradas petrificadas... Queda una posibilidad ser saltadores de muros derribar las barreras mentales: Conocernos.
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