Con esa forma absoluta de irte
te moriste María Elena.
Nunca Dios fue tan tuyo
tan entregado tu cuerpo a la tierra.
Semilla que funda flores, almas,
paseo de figura detenida.
No eres voz, pero tampoco olvido.
¿Entonces, qué haces en silencio,
sin la miel de cada día,
qué hacen tus manos sin palabras?
Con quién juegas tras tu puerta azul
que cerraste al tiempo de mi vida,
de la nuestra, la compartida.
¿Qué haces allá sin la hora precisa de la campana,
sin tus pasos de hacer caminos?
Ahí están las flores
en la esquina justa de tu morada.
Te querían decir...
pero no te dicen nada.
Yo te digo, me digo, ¡te resucito!
Eres la niña que libera un pájaro a media plaza
canto guardado en cascada sin lamento.
estas orillas
es un inicio de letras... que serán palabras
lunes 31 de octubre de 2011
jueves 15 de septiembre de 2011
Estatua de mi roja Patria
te veo palidecer
ante la visita sin memoria del pájaro.
Qué fueron tus campos de arena,
tu lucha, tu legado
vuela...
se posa en el rifle hueco de tu estampa.
El niño te mira con sospecha
ya no quiere tu caballo detenido.
Ansía vestirse valiente
cambiar el rumbo
entregarle a los niños lejanos otra Patria.
¿Para qué?
Nadie sabe.
Tal vez para ser sólo estatua.
te veo palidecer
ante la visita sin memoria del pájaro.
Qué fueron tus campos de arena,
tu lucha, tu legado
vuela...
se posa en el rifle hueco de tu estampa.
El niño te mira con sospecha
ya no quiere tu caballo detenido.
Ansía vestirse valiente
cambiar el rumbo
entregarle a los niños lejanos otra Patria.
¿Para qué?
Nadie sabe.
Tal vez para ser sólo estatua.
miércoles 3 de agosto de 2011
Posdata
Quería escribir una carta. No encontré destinatario. Mi hijo es transparente y Dios se quedó en silencio.
lunes 25 de julio de 2011
Visita de Acuarela
Llegué ahí buscando lo plasmado por seres que ya no existen, seres que desaparecieron del Tiempo-Tierra. Seres a los que les sobreviven sus objetos, sus pinturas como hijos que no calculan los cambios de siglo. ¿Por qué las pinturas sobreviven más allá de las personas?
Trazos amables, tonos naranjas y en aquel extremo los verdes se van convirtiendo a negros. Pinceladas rápidas dejando tinta de textura, camino labrado de pesadillas.
Los pasillos de este museo albergan todos los mundos de aquellas personas. Conviven las expresiones de cada siglo con tanta naturalidad, pareciera que estos cuadros no están aquí, lapsos de distancia congeladas que invitan a encontrar lo que existe más allá de la primavera en una noche estrellada.
La profusión de personajes, gritos de guerra, baños de concha nácar. Mis ojos han empezado a transformarse en acuarela, un baño de agua me desdibuja.
Descubro adentro la geometría el rojo de mi sangre se destripa ante la batalla del mar de grises que se debatieron en lances con la espátula.
- Aquí estoy, búscame - quería decirte, pero morí en la pintura diariamente y mi grito no toco el pasillo, ni salió a la calle. Mi ojo de acuarela llueve siempre.
Trazos amables, tonos naranjas y en aquel extremo los verdes se van convirtiendo a negros. Pinceladas rápidas dejando tinta de textura, camino labrado de pesadillas.
Los pasillos de este museo albergan todos los mundos de aquellas personas. Conviven las expresiones de cada siglo con tanta naturalidad, pareciera que estos cuadros no están aquí, lapsos de distancia congeladas que invitan a encontrar lo que existe más allá de la primavera en una noche estrellada.
La profusión de personajes, gritos de guerra, baños de concha nácar. Mis ojos han empezado a transformarse en acuarela, un baño de agua me desdibuja.
Descubro adentro la geometría el rojo de mi sangre se destripa ante la batalla del mar de grises que se debatieron en lances con la espátula.
- Aquí estoy, búscame - quería decirte, pero morí en la pintura diariamente y mi grito no toco el pasillo, ni salió a la calle. Mi ojo de acuarela llueve siempre.
lunes 4 de julio de 2011
El cuento del río
Ayer oí un río de noche, me lavé la cara en él.
Tú siempre me dices: levántate y yo estoy aquí dormida en ese río que me moja la cara. -Bien limpia me deja la cara porque pasa y pasa.- Ya no me veo, los ojos se me han vuelto piedras incrustadas al fondo, mis manos como peces se detienen en los pies que a su vez son dos flamencos de piernas largas que pierden el tiempo mirando el fondo de aquellos ojos.
Escuché un río de noche, pero no, más bien era el aleteo de mis pestañas debatiéndose en la tormenta.
Tú siempre me dices: levántate y yo estoy aquí dormida en ese río que me moja la cara. -Bien limpia me deja la cara porque pasa y pasa.- Ya no me veo, los ojos se me han vuelto piedras incrustadas al fondo, mis manos como peces se detienen en los pies que a su vez son dos flamencos de piernas largas que pierden el tiempo mirando el fondo de aquellos ojos.
Escuché un río de noche, pero no, más bien era el aleteo de mis pestañas debatiéndose en la tormenta.
lunes 30 de mayo de 2011
¿Me lees Guardabosques?
Le imploro al guardabosques, a ese que está allá vestido de Fauno. El que cuida las llanuras con un traje de duende y se sabe palabras dulces para las flores. A ese, el guardián del tiempo poético, el que se distrae del segundero y hace que giren las ramas de los árboles empujando a las noches para que avancen más rápido.
Se que está ahí y que juega con la rueda de la fortuna. ¿Quién le enseñaría ese secreto? No tiene padres, en cambio se muy bien que ha tejido un sombrero en la luna, el mismo que se destruye en nuestro amanecer mundano.
Ahora comprendo la vida viaja en las alas de los aviones y allá se fue ella. A la vida le pido querido Fauno que me la traiga de regreso y a un tiempo: el del minutero. Sí, el de la poesía en prosa del libro que me dejó.
Podrías ir con esos pies tuyos a decirle en su sueño que aquí estoy esperando la música de su piel, podrías atreverte acaso a desafiar esta hora y llevarle el dibujo que le he hecho en este avión de papel.
Es muy posible que en aquella esquina se quede el tiempo con sus carcajadas mecánicas, si tan sólo pudiera encontrar las palabras adecuadas y me procures el milagro de tejer un puente de la luna al sol esta noche y seamos eclipse ella y yo.
Comprendo querido Fauno que es caligráficamente posible que me hayas escuchado y nos reveles la cercanía del tiempo que no tiene distancia.
Se que está ahí y que juega con la rueda de la fortuna. ¿Quién le enseñaría ese secreto? No tiene padres, en cambio se muy bien que ha tejido un sombrero en la luna, el mismo que se destruye en nuestro amanecer mundano.
Ahora comprendo la vida viaja en las alas de los aviones y allá se fue ella. A la vida le pido querido Fauno que me la traiga de regreso y a un tiempo: el del minutero. Sí, el de la poesía en prosa del libro que me dejó.
Podrías ir con esos pies tuyos a decirle en su sueño que aquí estoy esperando la música de su piel, podrías atreverte acaso a desafiar esta hora y llevarle el dibujo que le he hecho en este avión de papel.
Es muy posible que en aquella esquina se quede el tiempo con sus carcajadas mecánicas, si tan sólo pudiera encontrar las palabras adecuadas y me procures el milagro de tejer un puente de la luna al sol esta noche y seamos eclipse ella y yo.
Comprendo querido Fauno que es caligráficamente posible que me hayas escuchado y nos reveles la cercanía del tiempo que no tiene distancia.
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sábado 23 de abril de 2011
Maquinaria de metáforas
Hay una máquina de pintar ¿tú lo sabías? Puedes subirte a ella como en una bicicleta, le das cuerda y ella pinta sola lo que le da la gana.
Vas girando tus piernas y si piensas en un paisaje ella busca un amarillo pálido de tanto estar ahí sin usarse y pinta algo que no comprendes; al fin y al cabo su lenguaje no es el tuyo.
Luego, le dictas una palabra y ella recupera una metáfora.
Piensas en la existencia. Ella toma el azul del cielo sin una nube y hace que respires para que no te mueras.
Hace sonidos mientras pinta, para hacerte saber que va pasando el tiempo, yo le di el color rojo a la máquina pero no supo hacer el sol y le dejó al vacío el blanco para que me sople el viento.
Hace frío. Me detengo. Quería seguir en la bicicleta por ciudades incomprensibles hechas por una máquina a la que le doy vuelta, pero ella busca otro lienzo, empuja mis ojos a la calle verdadera: El abrigo, la bufanda, las manos en los bolsillos ¿cómo se siente el frío? Como peces en los zapatos que no dibujo la máquina.
Si pudiera volver me gustaría ser el sonido delicioso de la pintura, éste que viéndolo, es sólo silencio.
Recuerdo del Museo Tinguely, Basilea.
Vas girando tus piernas y si piensas en un paisaje ella busca un amarillo pálido de tanto estar ahí sin usarse y pinta algo que no comprendes; al fin y al cabo su lenguaje no es el tuyo.
Luego, le dictas una palabra y ella recupera una metáfora.
Piensas en la existencia. Ella toma el azul del cielo sin una nube y hace que respires para que no te mueras.
Hace sonidos mientras pinta, para hacerte saber que va pasando el tiempo, yo le di el color rojo a la máquina pero no supo hacer el sol y le dejó al vacío el blanco para que me sople el viento.
Hace frío. Me detengo. Quería seguir en la bicicleta por ciudades incomprensibles hechas por una máquina a la que le doy vuelta, pero ella busca otro lienzo, empuja mis ojos a la calle verdadera: El abrigo, la bufanda, las manos en los bolsillos ¿cómo se siente el frío? Como peces en los zapatos que no dibujo la máquina.
Si pudiera volver me gustaría ser el sonido delicioso de la pintura, éste que viéndolo, es sólo silencio.
Recuerdo del Museo Tinguely, Basilea.
viernes 15 de abril de 2011
Insignificancias
El recuerdo algodonoso se entreteje ávido de volverse hilo, de ser ese conducto final de la sonrisa.
Para pasarse la vida en insignificancias, contando los libros por autor, tema y año; para fotografiar las plantas en sectores, para desentrañar el diseño de las tijeras en el siglo XIX, en fin, para desdoblar todo eso que nos une al cosmos.
¿Qué es lo que significa? ¿Lo qué importa?
La flor de lunes, la lluvia en martes, el diálogo de Diógenes con Alejandro Magno, cuando éste le dijo: - Maestro, pídeme lo que quieras - y él le contestó - Sólo quiero que te quites porque me tapas el sol y me haces sombra. -
¿Saber esto importa? Conocer las batallas, los ganadores, los vencidos, la locura del loco que viaja sin fecha, el tiempo que conscientes de él nos agota...
He aquí las insignificancias de lo que pienso.
Para pasarse la vida en insignificancias, contando los libros por autor, tema y año; para fotografiar las plantas en sectores, para desentrañar el diseño de las tijeras en el siglo XIX, en fin, para desdoblar todo eso que nos une al cosmos.
¿Qué es lo que significa? ¿Lo qué importa?
La flor de lunes, la lluvia en martes, el diálogo de Diógenes con Alejandro Magno, cuando éste le dijo: - Maestro, pídeme lo que quieras - y él le contestó - Sólo quiero que te quites porque me tapas el sol y me haces sombra. -
¿Saber esto importa? Conocer las batallas, los ganadores, los vencidos, la locura del loco que viaja sin fecha, el tiempo que conscientes de él nos agota...
He aquí las insignificancias de lo que pienso.
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sábado 2 de abril de 2011
El pasado nos multiplica
Era casi sencillo ser así y platicar de los trece años, de la cara fría de la luna. De los habitantes de las estrellas. Platicar nos vuelve poéticos, interesantes, cómplices del vino. Insensato conocerse mientras la vela y el día. Insensato decir que una no es nunca y cambia siempre. Ahora las guitarras y Asturias se acomodan perfecto a mi escalada en el libro. Se multiplican descritas las imágenes: tortura, filosofía. ¿La pintura es, o necesita comprenderse? Le imploraremos un significado o dejaremos sus colores al deleite. Quería amarle el pasado, la efímera verdad del presente no le bastaba. ¿Será verdad y cuando cuentas el pasado te mueres un poco menos?
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viernes 18 de marzo de 2011
La lista de un día cualquiera
La lista del día son acciones que no tienen reversa, tendrán algún recuerdo, pero el paso dado ya no cambia. El primer pensamiento cuando amanece, los cuerpos distantes de la cama, el desayuno, el bocado, el beso de buenos días en la ventana.Pasos furtivos, la prisa, el sol que no calcula el minutero, el reloj checador que no perdona. Las ganas de decirte que te quiero.
La cita de las diez, un café, dos sonrisas, los proyectos en aquel pizarrón verde que no encuentra luz de día en las sumas y nos abandonan en el laberinto de la resta.
Como contigo, se escapó el te quiero sin decirlo. Y a ti ¿cómo te ha ido? Porque a mi me estorbaron dos semáforos para llegar a tiempo. Escribí un reporte de la junta de la mañana, pero me ha quedado con tanta contradicción, tanto acuerdo no cumplido que borré cada letra para darle paso al vacío. Eso es lo que tuvo la plática, tantas palabras huecas en ese tiempo que ahora me sobraba y que más temprano me había hecho falta.
Me pareció correcto entregar una hoja blanca, con sobre, sello y firma, por qué ordenar con letras lo que todos los lunes (desde hace siete) escribo. A él no le pareció ¿te acuerdas de él? Se sentó en la silla, aventó el papel y dijo que no tenía tiempo para mi poesía ¿lo tienes tú? Te vas, queda cerca el lugar donde le das clases de francés a aquella niña, pero te distraes con los globos del parque y la fuente, sabes que tendrás que sentarte a repasar la lección para que no falte nada y valgan tus horas la clase pagada.
Dos soledades ahora. Te vas a tu vida y yo giro a la derecha, me abro paso a la carretera, el tráfico a la oficina está imposible. No, está como dos imposibles, pero yo no voy para allá y me avergüenzo.
Por lo pronto veo el primer árbol de pino, dos pinos, tres, cientos, abro la ventana, respiro. Cierro las manos. No le pareció la hoja blanca en su archivero, en ese cajón que abre todos los viernes para hacer el balance de lo que fue la semana. No le gustó el principio de un nuevo comienzo.
Cuatro llantas, se acaba la gasolina, no hay regreso. Me detengo, avanzo, pienso en mi y en el vacío de lo que se dice siempre sin ningún sentido, para volver a la rutina pactada, al camino sugerido, a la posibilidad de cumplir el destino.
Posiblemente regrese a mi destino que olvidé un día por los proyectos con gis blanco que tenían el borrador cerca.
Se hace de noche, un bosque, la busco, dos llamadas perdidas en el teléfono celular, ¿qué pregunta me iba a hacer? No quiero hablar. Martes, otra hoja blanca para mi rutina.
La cita de las diez, un café, dos sonrisas, los proyectos en aquel pizarrón verde que no encuentra luz de día en las sumas y nos abandonan en el laberinto de la resta.
Como contigo, se escapó el te quiero sin decirlo. Y a ti ¿cómo te ha ido? Porque a mi me estorbaron dos semáforos para llegar a tiempo. Escribí un reporte de la junta de la mañana, pero me ha quedado con tanta contradicción, tanto acuerdo no cumplido que borré cada letra para darle paso al vacío. Eso es lo que tuvo la plática, tantas palabras huecas en ese tiempo que ahora me sobraba y que más temprano me había hecho falta.
Me pareció correcto entregar una hoja blanca, con sobre, sello y firma, por qué ordenar con letras lo que todos los lunes (desde hace siete) escribo. A él no le pareció ¿te acuerdas de él? Se sentó en la silla, aventó el papel y dijo que no tenía tiempo para mi poesía ¿lo tienes tú? Te vas, queda cerca el lugar donde le das clases de francés a aquella niña, pero te distraes con los globos del parque y la fuente, sabes que tendrás que sentarte a repasar la lección para que no falte nada y valgan tus horas la clase pagada.
Dos soledades ahora. Te vas a tu vida y yo giro a la derecha, me abro paso a la carretera, el tráfico a la oficina está imposible. No, está como dos imposibles, pero yo no voy para allá y me avergüenzo.
Por lo pronto veo el primer árbol de pino, dos pinos, tres, cientos, abro la ventana, respiro. Cierro las manos. No le pareció la hoja blanca en su archivero, en ese cajón que abre todos los viernes para hacer el balance de lo que fue la semana. No le gustó el principio de un nuevo comienzo.
Cuatro llantas, se acaba la gasolina, no hay regreso. Me detengo, avanzo, pienso en mi y en el vacío de lo que se dice siempre sin ningún sentido, para volver a la rutina pactada, al camino sugerido, a la posibilidad de cumplir el destino.
Posiblemente regrese a mi destino que olvidé un día por los proyectos con gis blanco que tenían el borrador cerca.
Se hace de noche, un bosque, la busco, dos llamadas perdidas en el teléfono celular, ¿qué pregunta me iba a hacer? No quiero hablar. Martes, otra hoja blanca para mi rutina.
miércoles 2 de marzo de 2011
El misterio de esa mujer
nadie me escucha.
trato de mirar furtiva
el otro lado de su rostro.
No lo consigo.
Es para mi un secreto,
para él, para ella.
Nadie la nombra
en mi amanece viva.
Madrugada callada de segundos
vuelve gritos el minutero de su ausencia.
Sólo tengo tu voz travesura
eso me basta
trazo de mi vena a la tuya una noche para el día
era para ti mi letra.
nadie me escucha.
trato de mirar furtiva
el otro lado de su rostro.
No lo consigo.
Es para mi un secreto,
para él, para ella.
Nadie la nombra
en mi amanece viva.
Madrugada callada de segundos
vuelve gritos el minutero de su ausencia.
Sólo tengo tu voz travesura
eso me basta
trazo de mi vena a la tuya una noche para el día
era para ti mi letra.
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sábado 5 de febrero de 2011
Espuma
Te quería decir, pero no es cierto
que te vi de pronto, que sentí tu mano
que estaba la calle llena de tus pasos.
Pero no es cierto, sin embargo di vuelta,
tu y yo caminamos, compartimos la risa,
te fuiste de viaje,
le gritas versos a ese mar abierto
pétalos de espuma nuestros te quiero.
Alguien debería saber - quizá las dos -
que ser sólo espuma es todo un proyecto.
Pero no es cierto.
Sólo son fórmulas con bajo sodio
repletas de oxígeno y sin cuerpo.
que te vi de pronto, que sentí tu mano
que estaba la calle llena de tus pasos.
Pero no es cierto, sin embargo di vuelta,
tu y yo caminamos, compartimos la risa,
te fuiste de viaje,
le gritas versos a ese mar abierto
pétalos de espuma nuestros te quiero.
Alguien debería saber - quizá las dos -
que ser sólo espuma es todo un proyecto.
Pero no es cierto.
Sólo son fórmulas con bajo sodio
repletas de oxígeno y sin cuerpo.
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Mañana es nunca
el frío de hoy se acuesta en mi ciudad
la debilita.
Muere la lengua sin palabra
mañana no habré nacido.
El reloj desmantela a puños
aquel secreto.
Se desbarata la escalera de mis pestañas
el reflejo de las aguas ya te llueve.
Se sacrifica el desierto de tu carne hecha piedra.
el frío de hoy se acuesta en mi ciudad
la debilita.
Muere la lengua sin palabra
mañana no habré nacido.
El reloj desmantela a puños
aquel secreto.
Se desbarata la escalera de mis pestañas
el reflejo de las aguas ya te llueve.
Se sacrifica el desierto de tu carne hecha piedra.
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sábado 15 de enero de 2011
Un nuevo plan
Tengo un nuevo plan para esta hoja blanca. Construyo un País para mi monstruo. Un mundo nuevo en donde no haya que decir adiós. Quiero despedirme de él en ese planeta, para que nunca vuelva a llorar. Se dedicará a morir junto a la flor que nunca se marchitará. Vivirá por vivir sin darse cuenta.
¿Para qué quiere esa vida? Parece aún más agónica. Así que rompo mi plan de hoja blanca. Mi monstruo no ha nacido, no me ha dicho buenos días, tampoco se ha ido.
¿Dónde quedó la despedida?
¿Para qué quiere esa vida? Parece aún más agónica. Así que rompo mi plan de hoja blanca. Mi monstruo no ha nacido, no me ha dicho buenos días, tampoco se ha ido.
¿Dónde quedó la despedida?
jueves 6 de enero de 2011
¿Qué será de mi sino puedo pensar que soy tan real como todo lo que imagino?
En todos los enunciados que han escrito otros, estaba buscando la forma de no distinguir distancias, el momento ideal en el que empieza otro tiempo, aquel que no persiguen los segunderos.
Los buscaba para darte la bienvenida. Porque en el momento justo te quería decir que le he robado a la vida dos manzanas una para mi y otra para tí.
En todos los enunciados que han escrito otros, estaba buscando la forma de no distinguir distancias, el momento ideal en el que empieza otro tiempo, aquel que no persiguen los segunderos.
Los buscaba para darte la bienvenida. Porque en el momento justo te quería decir que le he robado a la vida dos manzanas una para mi y otra para tí.
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